Letras a la vista https://letrasalavista.com Fri, 23 Oct 2026 01:59:04 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1.3 https://letrasalavista.com/wp-content/uploads/icono-100x100.png Letras a la vista https://letrasalavista.com 32 32 Mexcalli (Mayahuel) https://letrasalavista.com/mexcalli-mayahuel/ https://letrasalavista.com/mexcalli-mayahuel/#respond Fri, 23 Oct 2026 01:59:03 +0000 https://letrasalavista.com/?p=963 (Cuento. De mi libro Nahual, de próxima aparición)

La clase estaba animada en el salón de sexto grado de primaria. El maestro narraba a los niños algunas leyendas del México antiguo. La pregunta llegó de modo natural, cuando uno de los alumnos levantó la mano:

—Maestro ¿de dónde viene el nombre de nuestro país, México?

El docente, mostrando en su rostro la satisfacción por la pregunta, contestó:

—Existen varias versiones. Me referiré sólo a dos, las más aceptadas, por cierto. La una dice que el nombre viene de tres elementos del idioma náhuatl: meztli, luna; xictli, ombligo y co, lugar. Así, la palabra se traduciría como “En el ombligo de la luna”. Recordemos que la ciudad capital de los mexica o azteca, México-Tenochtitlan, se fundó en un islote dentro del Lago de Texcoco. Y que este lago era conocido entonces como el Lago de la Luna. Así, podríamos pensar que la idea original de los antiguos mexicanos acerca de su ciudad sería: “En el centro del Lago de la Luna”. La otra versión tiene que ver con la leyenda de la planta mexcalli. Y como la clase trata de estas valiosas manifestaciones de la tradición oral, las leyendas, agucen su atención porque la narraré ahora:

Contaban los viejos, decían nuestros abuelos que Dios Quetzalcóatl, luz de todo lo existente, luego de crear el Quinto Sol y el mundo nuevo, dio vida a la humanidad con los huesos de los hombres de los mundos anteriores. Pero, primero fue por tales huesos al Mictlán, el reino de los muertos. Llevó consigo a Xolo, su perro nahual, para que intercediera por él, porque los dioses no podían relacionarse directamente con los seres del mundo. Burlaron la vigilancia Mictlantecutli, el rey de los muertos y, robaron los huesos sagrados. Durante el camino de salida del inframundo, unas abejas que revoloteaban dentro de un caracol, tratando de escapar de la trampa, asustaron a Quetzalcóatl y a Xolo. Estos, a causa de la impresión, soltaron el atado de huesos que, por el golpe en el suelo, se fracturaron. ¿Qué haremos? preguntó el dios. ¡Vámonos rápido, que así han de servir! contestó el nahual Xolo.

Una vez fuera del Mictlán, Quetzalcóatl molió los huesos y los fecundó con su sangre. Luego, sembró aquella masa en el vientre de la Madre Tierra, Coatlicue. Así se dio existencia y vida a los hombres y mujeres del Quinto Sol.

Eso decían los antiguos, eso platicaban.

El Dios se preguntaba entonces ¿Cómo han de vivir? ¿De qué han de alimentarse estas creaturas, los nuevos hombres y mujeres del mundo recientemente creado?

Debemos proveerlos de sus mantenimientos, de los bienes que abonen a su existencia, se contestaba a sí mismo Quetzalcóatl.

Por eso, con el auxilio de su nahual hormiga, rescató del cerro sagrado los granos de maíz. Y miró que eran buen alimento. Pero faltaban otros mantenimientos… Habría que vestirlos, calzarlos, curarlos, saciar su sed, alegrar sus corazones, darles instrumentos para la caza y la pesca.

Por tal motivo visitó los confines del todo, esperando encontrar los bienes necesarios.

Contaban los antiguos, que en su recorrido encontró a las Tzitzimime, las estrellas, gobernadas por su abuela Tzitzímitl, la luna; una familia terrible, temida y conocida por los antepasados como los Monstruos Descarnados de la Noche, destinados a devorar a los humanos. Estas Tzitzimime, hijas del obscuro Tezcatlipoca, miraban iracundas el mundo recién creado. Inconformes con la creación del Quinto Sol, trataban de impedir su recorrido por el firmamento.

Quetzalcóatl sabía de esta rivalidad, pero le asombró encontrar en aquella siniestra familia a una encantadora doncella: la nieta menor de Tzitzímitl, una joya, virtuosa y bella.

Pero ¿Por qué se asombraba ahora el dios? ¿Acaso no había creado en el desierto la hermosa flor de tuna, rodeada de pencas de nopal, armadas con afiladas espinas e incómodos aguates para protegerla?

Enamorado de la nieta menor, decidió rescatarla para sí. Esperó a que llegara la luz del día, cuando las Tzitzimime duermen, para acercarse a la doncella.

Entonces, llegó hasta ella el dios y, con tiento para no despertar a la abuela y su terrible familia, susurró en su oído tiernas frases de amor.

La joven abrió sus ojos y descubrió a quien le halagaba con suave voz musical, con palabras tan dulces como la miel de las abejas silvestres.

Ella, al ver al dios, adornado con su tocado de plumas de quetzal, quedó prendada también.

Quetzalcóatl la invitó a conocer el mundo recién creado. Ella dudó un instante, pues conocía el carácter irascible y vengativo de su abuela. Al fin, decidió atender el llamado de su corazón y acompañar al dios, sujeto de su fascinación.

Quetzalcóatl la paseó por los rincones del mundo nuevo, mostrándole extensos lagos, ríos caudalosos, azules mares, prados y selvas floridas, coloridas aves y mariposas.

En ella no cabía el contento por admirar tantas maravillas.

Luego del intenso y gozoso recorrido, los enamorados decidieron disfrutar de su pasión fundiéndose en un abrazo. La prodigiosa unión dio como fruto a un árbol con dos ramas: una era el dios y la otra, la doncella. Pensaban esconderse así de la mirada de las Tzitzimime.

Cuando cayó la noche, la terrible abuela se percató de la ausencia de la nieta menor. Consultando con el espíritu de los muertos, se enteró de lo ocurrido.

Con voces altisonantes, convocó a las tzitzimime para que la acompañasen a buscar, por los confines del mundo, a la nieta ingrata.

La vieja era astuta y pronto dio con el árbol de dos ramas. Descubrió, en la que apuntaba al oriente, un redondo cogollo y de éste brotando un xiote cubierto de flores blancas. Es, sin duda, Quetzalcóatl, dijo la abuela. Y ordenó a las Tzitzimime que desgajaran la rama que apuntaba al poniente, la desmembraran y devorasen hojas y corteza, dejando sólo los huesos de ella.

Consumada la venganza, la terrible familia ascendió al firmamento para seguir atisbando desde arriba.

Decían nuestros abuelos, los viejos sabios que poseían los libros pintados en papel amate y cueros de venado, que….

Inundados sus ojos en lágrimas de rocío, el dios recogió los huesos de la otrora hermosa doncella. Los encarnó con su savia y los pegó alrededor del cogollo verde, desde donde el enhiesto xiote florecía. Para evitar un nuevo ataque de las Tzitzimime, los proveyó de afiladas puntas y espinas.

Nació así la planta de mexcalli: la casa de Mexi, el espíritu creador de Quetzalcóatl; pero también, la casa del espíritu amoroso de Meyehualli, o Mayahuel; la que se abraza alrededor del metl (agave), que florece en xiote (jiote o quiote, como lo llamamos ahora).

Mexcalli, la planta que a los antiguos mexicanos proporcionara tantos beneficios. La planta que nuestros antepasados adoraron como recinto de Mexi y Mayahuel, sus primeras deidades vegetales.

Derivado de la palabra Mexi, su primer dios vegetal, nuestros abuelos se llamaron a sí mismos mexica, y a su ciudad capital, siglos después, llamaron México.

Eso contaban nuestros abuelos; los viejos sabios, poseedores de los libros pintados.

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Celdas de papel https://letrasalavista.com/celdas-de-papel/ https://letrasalavista.com/celdas-de-papel/#respond Fri, 23 Oct 2026 01:54:56 +0000 https://letrasalavista.com/?p=960 Jamás lograron encontrarse
aunque durmiesen en la misma alcoba,
cada cual en su mundo paralelo.

Ella,
esperando el plenilunio
para seguir soñando con Florencio,
en el reventadero de las olas
de Melaque;
esperando luna nueva
para escapar de los acechos del padrastro,
en la lejana Andrómeda.

Y
él,
en su necesidad de amor
que lo rescate de su espíritu-violencia,
de maldición-expolio;
la evocación en carne viva,
el ruego ateo al punto de oración,
esperando
(en desespero),
al próximo lector;
la apertura próxima del libro
que dé luz al volumen
para seguir deambulando,
de párrafo en párrafo,
de página en página,
preguntando por ella,
en la parte segunda
de la magna obra de Rulfo.

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La promesa https://letrasalavista.com/la-promesa/ https://letrasalavista.com/la-promesa/#respond Fri, 23 Oct 2026 01:49:59 +0000 https://letrasalavista.com/?p=957 Éramos jóvenes,
cuatro estudiantes de Literatura
que acudían a la última cita
en un café de la risueña capital nayarita.

La despedida fue larga y,
al final,
chocamos tazas,
agotamos nuestros capuchinos y,
prometimos regresar.

Con certificado en ristre,
cada uno, por separado,
abordamos nuestras naves,
emprendiendo el viaje incierto
hacia el futuro.

Atrás quedaban las bromas juveniles,
las estudiantiles carcajadas,
´la cura´, pues;
las clases de latín,
de francés,
de romances lenguas;
las clases de literatura con el maestro Fabila,
los análisis literarios,
las tareas,
las exposiciones ante el grupo.

Porque…éramos el eterno equipo de trabajo,
Los Tres Mosquetero que,
como en la novela de Dumas,
en realidad
éramos cuatro:
Amparo, Héctor, José Jorge y Juan Manuel.

Amparo era la bella del equipo y,
yo, la bestia, supongo
o Jorge Elías…ya no recuerdo.

Escena montada en los setenta,
con el telón de fondo
de los últimos veranos de la década.

¿Que si ha llovido desde entonces…?
Y,
prometimos regresar,
sin importar los estragos del redondo viaje:
las arrugas, las canas, la papada,
la panza cervecera,
las ojeras…

Prometimos armarnos de valor y,
regresar,
´…en el mismo lugar y con la misma gente´,
(sólo para citar al Divo de Juárez).
Y,
´…cada quien agarró su camino,
cada quien escogió su estrella…´
(para recordar también a José Alfredo)

Hizo cada uno su vida,
libró cada cual sus batallas,
embistió cada quien sus molinos de viento…

Salió cada cual maltrecho de su particular Lepanto, pero,
habría que honrar la palabra empeñada,
habría que retornar,
abrazar el reencuentro,
aún,
sí con las alas rotas.

Y, henos aquí,
calentando motores,
templando ánimos
para volver al presente
(de aquellos tiempos, por supuesto)
para abandonar este futuro
(de aquel entonces, off course)

Y volver a los tiempos idos,
guiando nuestro navegar de retorno
con el astrolabio de la evocación,
con la brújula de los recuerdos,
apretando con pulso trémulo el timón
para no errar el sendero,
para no salir de la ruta trazada
por una memoria desmemoriada.

Guíe, pues, Dios nuestros pasos
para encontrar,
entre las brumas del anhelo,
el mayo venidero.

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Cipactli, la piel del mundo https://letrasalavista.com/cipactli-la-piel-del-mundo/ https://letrasalavista.com/cipactli-la-piel-del-mundo/#respond Fri, 23 Oct 2026 01:21:16 +0000 https://letrasalavista.com/?p=953 (El Tintero PV)

Todas las noches, Tochtli, el anciano patriarca de Meztlán, población nahoa asentada en las faldas de la serranía del poniente, se reunía con jóvenes y niños para narrar historias y mitos de su raza.

Esta era una ocasión especial. La aldea celebraba el inicio de la cosecha del maíz tierno y las mujeres habían preparado tamales y atole del sabroso manjar, regalo de la madre Tonantzin, la diosa joven de los mantenimientos.

Mientras su audiencia disfrutaba de las ricas viandas, el abuelo iniciaba así su relato:

Hoy narraré dos historias. La primera: una de las tantas que se dicen del origen del maíz, nuestro alimento, nuestra carne y, la segunda: acerca de la creación del mundo que habitamos; pues han de saber que hubo otros mundos, creados y destruidos, antes del nuestro.

La primera se refiere a que, cuando Quetzalcóatl creó a los habitantes de este mundo, anduvo durante varios días desesperado pues sus criaturas tenían hambre y lloraban como lo hacen los recién nacidos cuando no encuentran el seno de la madre.

Quetzalcóatl, nuestro padre, acostumbrado a las grandes obras de su ingenio: la creación de estrellas, de mundos y de mares, habíase descuidado de aprender la solución de los problemas menores. Encargó el asunto a su hermano gemelo, Tezcatlipoca. Éste no simpatizaba con los seres humanos, por no ser obra de él. Dijo que sí, que se encargaría; pero sólo fue para para dilatar la satisfacción de los seres humanos.

Pasaban los días y el llanto de las criaturas llegaron a los confines del Todo, lastimando los oídos del creador. Quetzalcóatl, que estaba empeñado en otras creaciones, atendió en cuanto pudo el lastimero llamado. Pero cayó en cuenta de que no sabía cómo resolver el problema. Entonces, acudió a su hermana, Xilonen, la joven diosa, que amamantaba entonces a su hijo recién nacido.

Para lograr su ayuda, Quetzalcóatl acercó al oído de la diosa un caracol, en el que estaban atrapados los lamentos de las hambrientas criaturas. A Xilonen se le estrujó el corazón y, oprimiendo uno de sus turgentes pechos, dejó caer una gota de leche. Por prodigio divino, la gota se multiplicó en el firmamento, creando la Vía Láctea, o Leche de Xilonen, como llamamos nosotros. De ésta, cual sereno, estilaron una noche las gotitas para fecundar la tierra y hacer surgir las milpas.

El anciano calló. Con vívida mirada recorría cada uno de los rostros de su ávida audiencia.

Desde la primera fila, un chiquillo panzón lo interpeló:

—¿Por qué callas, abuelo? Prometiste dos cuentos.

Tochtli esbozó una amplia sonrisa. Sus enseñanzas resultaban interesantes. Con benevolencia contestó al niño:

—Espera un poco, Chilpetín. Mientras yo hablaba, tú le has tundido generosamente al atole y los tamales. Deja que me empareje un poco. Aunque viejo, también tengo apetito.

—Ja jajá— reventaron todos en carcajadas; mientras el patriarca arremetía en contra de la vianda de los tamales.

Pero no los hizo esperar mucho. Limpió sus bigotes con una hoja de plátano y prosiguió su relato así:

Antes de esta época en la que vivimos ahora, y que se llama Quinto Sol, hubo otras cuatro épocas o soles.

En el principio de los tiempos, el dios Ometéotl, padre supremo, ordenó a sus hijos gemelos Tezcatlipoca y Quetzalcóatl que formaran el mundo.

Tezcatlipoca, señor de la oscuridad y de la noche, lo hizo y lo pobló. Pero a Quetzalcóatl no le gustó y lo destruyó, inundándolo con las aguas del mar. Los seres humanos se convirtieron en peces. Sólo una pareja se salvó, refugiándose en un troco hueco de ahuehuete. Fue ésta la Época de Agua o Sol de Agua.

“Luego de esto, Quetzalcóatl, dueño de la luz y del día, hizo el segundo mundo y lo pobló. Pero Tezcatlipoca, resentido, lo destruyó con lluvia de fuego, con erupciones volcánicas. Éste se llamó el Sol de Fuego o Segundo Sol.”

Entonces, Tezcatlipoca hizo y pobló el tercer mundo. Pero Quetzalcóatl lo destruyó con terribles huracanes y vientos congelantes. Por eso a éste se llamó El Sol de Viento.

No tardó Quetzalcóatl en hacer el Cuarto Sol. Pero Tezcatlipoca destruyó a sus habitantes con las guerras. A éste le llamaron el Sol de Tierra o Cuarto Sol.

Ometéotl, que miraba atento el conflicto entre sus hijos, los llamó. Les preguntó:

—¿Se dan cuenta de que yendo cada uno por su lado, no llegaremos a ninguna parte?

Los gemelos acataron el regaño de su padre y convinieron en trabajar en concierto.

Hicieron el Quinto Sol. Y vieron que el mundo era tan sólo una bola de agua, el mar.

—Necesitamos la tierra firme, para que puedan habitar en ella nuestras criaturas, dijo Quetzalcóatl.

—¿Te parece bien que yo pesque a Cipactli, el gran cocodrilo que habita en el océano? — preguntó Tezcatlipoca.

—Sí. Me parece bien, hermano— contestó Quetzalcóatl.

Entonces, a manera de sebo, Tezcatlipoca metió uno de sus pies al mar. Cipactli acudió y mordió el pie divino. Así, el dios atrapó al enorme lagarto, pero perdió su pie. Por eso ahora lo representamos en los libros pintados con un pie y un muñón.

A Tezcatlipoca la pérdida no pareció importarle; pero sólo lo pareció, porque era muy rencoroso. Desolló al animal y extendió su cuero por el mundo. Así creó la tierra firme y las montañas sobre el mar, en el mundo del Quinto Sol.

Pero Cipactli no quedó contento con lo que le hicieron. De vez en cuando causa problemas a las criaturas del Quinto Sol. Provoca la erupción de los volcanes y los terremotos. Mueve violentamente la piel del mundo. Por eso a este Quinto Sol llamamos también Sol de Movimiento. Y se dice que a causa de este movimiento algún día habremos de perecer.

Les decía que… el dios Tezcatlipoca era rencoroso y vengativo. Y como nunca olvidó lo de su pie cercenado, ordenó a su nahual preferido, el jaguar, que devorara a los descendientes de Cipactli.

Por esa razón, el acérrimo rival de los lagartos es Tepeyólotl, el corazón del monte, el terrible nahual de Tezcatlipoca, el fiero jaguar, espíritu de la noche.

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Acuarela https://letrasalavista.com/acuarela/ https://letrasalavista.com/acuarela/#respond Fri, 23 Oct 2026 01:16:32 +0000 https://letrasalavista.com/?p=950 El sol prende la mañana
con su paleta de fuego,
con titánico denuedo
de pinceles hace gala.

Salpica oros tramontana,
mancha de zafiro el cielo
y da cumplido consuelo
con glaucos a la montaña.

Azul topacio da al mar,
bermellón al caserío
y a la gaviota, al volar
enciende de albor su brío.

Da ceniza en un esbozo
a la garza y al tildío,
con cuchilladas de azogue
hiere a la sierpe del río.

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Reseña de la novela El Círculo y la Espira https://letrasalavista.com/resena-de-la-novela-el-circulo-y-la-espira/ https://letrasalavista.com/resena-de-la-novela-el-circulo-y-la-espira/#respond Tue, 13 Oct 2026 19:37:29 +0000 https://letrasalavista.com/?p=860 La novela El círculo y la espira es una obra de ficción histórica escrita por Juan Manuel Gómez Encarnación y publicada en 2021 por el Centro Universitario de la Costa de la Universidad de Guadalajara.

Ficha técnica

  • Autor: Juan Manuel Gómez Encarnación
  • Año de publicación: 2021
  • Editorial: Universidad de Guadalajara (Centro Universitario de la Costa)
  • Género: Novela histórica

Sinopsis y argumento

La historia toma la Conquista de México como eje central y se desarrolla a través de una estructura dual que alterna dos perspectivas paralelas.

  1. La vertiente europea: Sigue las vivencias y los testimonios epistolares de Gonzalo de Mérida, un joven español obligado a huir hacia las Indias Occidentales tras verse envuelto en problemas amorosos (líos de faldas) en la primavera de aquella época.
  2. La vertiente indígena: Narra las experiencias y el entorno de Xicote, reflejando la cosmovisión, la cultura y la realidad de los pueblos originarios frente al cambiante panorama mesoamericano.

Ambas tramas avanzan en paralelo y terminan por confluir hacia el desenlace de la obra, destacando el encuentro y la unión entre Gonzalo de Mérida y Flor del Alba, hermana de un personaje mexica.

Temas y estilo

  • Dignificación de la mexicanidad: La obra rescata elementos de la cultura prehispánica, entrelazándolos con la música, la literatura y la identidad nacional.
  • Narrativa dual: El uso de cartas (epístolas) y la narrativa directa permite al lector contrastar la mirada del Viejo Mundo con la sensibilidad del mundo indígena.
  • Valor regional y cultural: Escrita por el cronista de Puerto Vallarta, la novela ha sido valorada en el ámbito académico y local por su riqueza estilística y como una recomendación literaria accesible para las nuevas generaciones.

Puedes consultar más detalles sobre la edición electrónica en el sitio oficial de publicaciones del Centro Universitario de la Costa a través de su Catálogo de Libros UDG.

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